Testimonios
Llegué al mundo rodeado de leonas
Las manos calientes de Sandra, con firmeza y ternura me recibieron, y como un puente mágico me llevaron al lugar más seguro del mundo.
Justo al lado mÃo habÃa una leona desnuda con un nombre hermoso: “mamáâ€. Pensé que podrÃa llamarla asà toda la vida, y en sus brazos Sandra me soltó con amor.
Deber ser muy sabia, ya habÃa escuchado otras veces como le hablaba al corazón de mi mamá y cómo habÃa hecho que bailara despojadamente.
Pero me impactó que supiera el momento justo en que yo entraba al mundo de afuera de la panza. Yo estaba muy desconcertado y sentÃa que afuera también lo estaban. Escuchaba gritos y mucho movimiento, además de todo el movimiento que estaba haciendo yo.
Pero ella se notaba estaba serena, a la espera. Y supo el justo momento en que yo llegaba.
¡Qué milagro!
OÃ una vez que le decÃa que los nueve meses que habÃa estado adentro, volverÃa a necesitarla afuera todo el cuerpo.
Y asà fue. Cuando se iba mamá yo sentÃa que me iba, me movÃa y al descubrirme solo me rodeaba un temor que me impulsaba al grito mas desconsolado.
Pero Sandra todo ese tiempo seguÃa encontrándose una vez por semana con mamá y conmigo y otras mamás con sus crÃas, y yo sentÃa que en ese encuentro algo cambiaba en mamá. No entendÃa bien, pero al llegar era como si todo el lugar nos estuviera esperando. Hubo colchonetas cómodas para cuando yo apoyaba mi espaldita y si me movÃa no me caÃa porque todos y todas nos sentábamos en el piso. También cuando empecé a rolar y arrastrarme el espacio grande y despejado me daba seguridad y calidez. Recuerdo un cuadro dorado con una persona sentada muy cómoda y con mucha paz, y otro con muchas leonas y leoncitos y leoncitas tejido en colores hermosos. Bastaba con mirarlos para entrar en dulces sueños. La casa tenÃa una limpieza, luminosidad y brillo muy especial.
Pero además de todo esto, Sandra tenÃa una manera de hablarle al corazón de mi mamá, que siempre sentÃa que sanaba algo viejo y despertaba algo nuevo y hermoso. También lo hacÃan otras leonas que compartÃan sus historias.
Asique asà pasaron los meses después de mi nacimiento, con todo, fui creciendo acompañado en la casa de Sandra, “Casa cHuergo†le dicen, o “Tierra de partosâ€. En un lugar que me recordaba mucho al momento en que vine al mundo:
SeguÃa rodeado de leonas.
¡Gracias!
De como llegó Lucio a este mundo
Cuenta mamá
Me estaba quedando dormida cuando media mañana del miércoles rompà bolsa, era el fin de tanta expectativa, ese mismo dÃa nacerÃa Lucio. Como no tenÃa contracciones fuimos tranquilos a buscar a Amanda al cole y luego almorzar, cuando empezaron a ser rÃtmicas, llevamos a Amanda a la casa de una amiga y llamamos a Sandra.
No podÃa dejar de caminar por el patio de casa, Leo hacÃa galletitas de limón y anotaba las contracciones que yo le anunciaba. El trabajo de parto lo hicimos con mucha alegrÃa y emoción, hubo carcajadas, abrazos, besos y lágrimas. Nos reÃamos imaginando que en un hospital ya me hubieran tumbado en la cama con el goteo, nos reÃamos como quien le saca la lengua al sistema y lo disfruta, nos reÃamos porque nos sentÃamos inmensamente libres.
Cuando llegó Sandra a media tarde a revisarme tenÃa 5 o 6 cm de dilatación y me dijo que tenÃa que relajarme aún más, que abriera las piernas en las contracciones y que me metiera en la bañadera. El agua tibia trajo todo el alivio que necesitaba para terminar de relajarme, ahà abrà naturalmente las piernas y mi mente me abandonó definitivamente. No sé qué pensaba (o si lo hacÃa) sólo se que repetÃa como un mantra “que raro que es todo, que rato que es todoâ€. Las contracciones ya eran fortÃsimas, me dolÃan pero con la alegrÃa de que Lucio estaba más cerca nuestro.
Hasta que en un momento me sorprendió las ganas de pujar. Ahà le pedà a Leo que llame a Sandra, sabÃa que si ella no llegaba no me animarÃa a parir y Lucio ya querÃa salir. Al ratito llegaron Sandra y Ana, estaba con dilatación completa, Lucio casi no las espera. Salà del agua, me senté en la silla de parto, Leo me sostenÃa desde atrás y me dejé llevar. Fue un viaje corto, intenso y salvaje por mi animalidad. En un rincón de nuestro cuarto, con poca luz y olores tiernos y conocidos, traje a mi hijo con un gran alarido. El llegó también llorando, Leo y yo lo abrazamos emocionados. Lo miraba y repetÃa “no lo puedo creer, no lo puedo creerâ€.
Quiero contar –porque parir es también lo que sigue- que como me desgarré un poco, Ana tuvo que coserme y lo hizo mientras yo tenÃa a mi hijito en el pecho, mientras me contaba lo que hacÃa y me pedÃa permiso y disculpas por si me dolÃa. También intercambiamos algunos chistes. Luego llegó Alicia, la neonatóloga que revisó a Lucio sin retirarlo de mi regazo, excepto por los dos minutos que llevó pesarlo. Fueron momentos hermosos, llenos de amor, de los cuales me siento inmensamente orgullosa porque fueron producto de nuestras elecciones, de nuestras convicciones y de la confianza que sentimos en nosotros mismos y en las parteras que con gran sabidurÃa y amor recibieron a nuestro querido hijo.
Cuenta papá
Al dÃa siguiente del parto me dolÃa la cabeza de una manera insoportable. Aclaro que nunca me duele la cabeza, no podrÃa describir una jaqueca. Pero esa mañana sentÃa deshacerse mi cabeza como por una poderosa resaca y no olvidaré la explicación que me dio Sandra: “Es que el parto no es algo que podamos pensarâ€. ¿SerÃa eso? Si no lo podes procesar por el pensamiento ¿Cómo podré entonces escribirlo? Confieso que me sentà más aliviado. Siendo imposible “entender†lo que me (nos) pasó estoy eximido antes del nacimiento; lo que lo proyectamos, lo mimamos, con besitos en la panza, comiditas ricas y nutritivas, charlas con Amanda, su hermanita, preparando el recibimiento, encuentro con otras panzas y un largo, larguÃsimo etcétera. Cuando Vero me anunció que habÃa roto bolsa y un rato después comenzaron las contracciones, todo se desarrolló como en un relato infantil ¿fue la atmosfera de Lucio que ya comenzaba a respirarse? Nos divertimos mucho durante una inolvidable tarde de otoño que parecÃa primavera (a pesar de que las fotos hoy delaten un rostro que se “contrae†por una punzada).
Bueno, ahora que pasaron dos meses mi memoria me dice que fue un momento de alegrÃa, comunión, un instante esperado y un sueño que se vivÃa. Pocas veces uno vive algo tal y como soñó que iba a vivirlo. Asà recibimos a nuestro bebé. Berreando porque llegaba a un mundo de mierda, mamá y papá lo abrazamos muy fuerte para que no se resbale porque estaba todo húmedo y él se aferraba definitivamente a la vida por su propia voluntad de hacerse parte al fin y al cabo del lugarcito que en el universo le habÃamos preparado.
Ahora Lucio crece y desarrolla su pequeña personalidad. Estamos felices por lo que elegimos para él desde el momento mismo en que vino al mundo. Si han visto que mamá y papá fueron libres de elegir, ojalá Lucio y Amanda crezcan como hombres y mujeres que, igual que sus padres, han luchado por el derecho a decidir, se han enfrentado a los prejuicios, han visto la cara de sus miedos y se han animado a transitar caminos, que de eso se trata en definitiva.
