novedades

  • Se viene el FULAR Portabebés

    Y después de 9 meses, nuestro bebé está aquí, fuera de nosotras

    Que ganas de tenerlo en brazos todo el tiempo, ¿no? Y nuestro cuerpo se encoge para adecuarnos a su tamaño, como si quisiera cubrirlo de nuevo, hasta que nos duele todo.

    Bueno chicas, quiero decirles que hay una solución….

      ¡¡¡EL FULAR PORTABEBES!!!   

     

     

     

     

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  • Mooncup

    La Mooncup es una copa de suave silicona que puede ser reutilizada para cada periodo. Se usa internamente, más abajo que un tampón, y en lugar de absorber su flujo menstrual, lo recoge.

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  • Abordaje corporal emotivo

    El abordaje es desde lo corporal, pero el trabajo es absolutamente integrador.

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Testimonios

Llegué al mundo rodeado de leonas

Las manos calientes de Sandra, con firmeza y ternura me recibieron, y como un puente mágico me llevaron al lugar más seguro del mundo.

Justo al lado mío había una leona desnuda con un nombre hermoso: “mamá”. Pensé que podría llamarla así toda la vida, y en sus brazos Sandra me soltó con amor.
Deber ser muy sabia, ya había escuchado otras veces como le hablaba al corazón de mi mamá y cómo había hecho que bailara despojadamente.
Pero me impactó que supiera el momento justo en que yo entraba al mundo de afuera de la panza. Yo estaba muy desconcertado y sentía que afuera también lo estaban. Escuchaba gritos y mucho movimiento, además de todo el movimiento que estaba haciendo yo.
Pero ella se notaba estaba serena, a la espera. Y supo el justo momento en que yo llegaba.
¡Qué milagro!

Oí una vez que le decía que los nueve meses que había estado adentro, volvería a necesitarla afuera todo el cuerpo.
Y así fue. Cuando se iba mamá yo sentía que me iba, me movía y al descubrirme solo me rodeaba un temor que me impulsaba al grito mas desconsolado.

Pero Sandra todo ese tiempo seguía encontrándose una vez por semana con mamá y conmigo y otras mamás con sus crías, y yo sentía que en ese encuentro algo cambiaba en mamá. No entendía bien, pero al llegar era como si todo el lugar nos estuviera esperando. Hubo colchonetas cómodas para cuando yo apoyaba mi espaldita y si me movía no me caía porque todos y todas nos sentábamos en el piso. También cuando empecé a rolar y arrastrarme el espacio grande y despejado me daba seguridad y calidez. Recuerdo un cuadro dorado con una persona sentada muy cómoda y con mucha paz, y otro con muchas leonas y leoncitos y leoncitas tejido en colores hermosos. Bastaba con mirarlos para entrar en dulces sueños. La casa tenía una limpieza, luminosidad y brillo muy especial.

Pero además de todo esto, Sandra tenía una manera de hablarle al corazón de mi mamá, que siempre sentía que sanaba algo viejo y despertaba algo nuevo y hermoso. También lo hacían otras leonas que compartían sus historias.
Asique así pasaron los meses después de mi nacimiento, con todo, fui creciendo acompañado en la casa de Sandra, “Casa cHuergo” le dicen, o “Tierra de partos”. En un lugar que me recordaba mucho al momento en que vine al mundo:
Seguía rodeado de leonas.
¡Gracias!

De como llegó Lucio a este mundo

Cuenta mamá
Me estaba quedando dormida cuando media mañana del miércoles rompí bolsa, era el fin de tanta expectativa, ese mismo día nacería Lucio. Como no tenía contracciones fuimos tranquilos a buscar a Amanda al cole y luego almorzar, cuando empezaron a ser rítmicas, llevamos a Amanda a la casa de una amiga y llamamos a Sandra.

No podía dejar de caminar por el patio de casa, Leo hacía galletitas de limón y anotaba las contracciones que yo le anunciaba. El trabajo de parto lo hicimos con mucha alegría y emoción, hubo carcajadas, abrazos, besos y lágrimas. Nos reíamos imaginando que en un hospital ya me hubieran tumbado en la cama con el goteo, nos reíamos como quien le saca la lengua al sistema y lo disfruta, nos reíamos porque nos sentíamos inmensamente libres.

Cuando llegó Sandra a media tarde a revisarme tenía 5 o 6 cm de dilatación y me dijo que tenía que relajarme aún más, que abriera las piernas en las contracciones y que me metiera en la bañadera. El agua tibia trajo todo el alivio que necesitaba para terminar de relajarme, ahí abrí naturalmente las piernas y mi mente me abandonó definitivamente. No sé qué pensaba (o si lo hacía) sólo se que repetía como un mantra “que raro que es todo, que rato que es todo”. Las contracciones ya eran fortísimas, me dolían pero con la alegría de que Lucio estaba más cerca nuestro.

Hasta que en un momento me sorprendió las ganas de pujar. Ahí le pedí a Leo que llame a Sandra, sabía que si ella no llegaba no me animaría a parir y Lucio ya quería salir. Al ratito llegaron Sandra y Ana, estaba con dilatación completa, Lucio casi no las espera. Salí del agua, me senté en la silla de parto, Leo me sostenía desde atrás y me dejé llevar. Fue un viaje corto, intenso y salvaje por mi animalidad. En un rincón de nuestro cuarto, con poca luz y olores tiernos y conocidos, traje a mi hijo con un gran alarido. El llegó también llorando, Leo y yo lo abrazamos emocionados. Lo miraba y repetía “no lo puedo creer, no lo puedo creer”.

Quiero contar –porque parir es también lo que sigue- que como me desgarré un poco, Ana tuvo que coserme y lo hizo mientras yo tenía a mi hijito en el pecho, mientras me contaba lo que hacía y me pedía permiso y disculpas por si me dolía. También intercambiamos algunos chistes. Luego llegó Alicia, la neonatóloga que revisó a Lucio sin retirarlo de mi regazo, excepto por los dos minutos que llevó pesarlo. Fueron momentos hermosos, llenos de amor, de los cuales me siento inmensamente orgullosa porque fueron producto de nuestras elecciones, de nuestras convicciones y de la confianza que sentimos en nosotros mismos y en las parteras que con gran sabiduría y amor recibieron a nuestro querido hijo.

Cuenta papá
Al día siguiente del parto me dolía la cabeza de una manera insoportable. Aclaro que nunca me duele la cabeza, no podría describir una jaqueca. Pero esa mañana sentía deshacerse mi cabeza como por una poderosa resaca y no olvidaré la explicación que me dio Sandra: “Es que el parto no es algo que podamos pensar”. ¿Sería eso? Si no lo podes procesar por el pensamiento ¿Cómo podré entonces escribirlo? Confieso que me sentí más aliviado. Siendo imposible “entender” lo que me (nos) pasó estoy eximido antes del nacimiento; lo que lo proyectamos, lo mimamos, con besitos en la panza, comiditas ricas y nutritivas, charlas con Amanda, su hermanita, preparando el recibimiento, encuentro con otras panzas y un largo, larguísimo etcétera. Cuando Vero me anunció que había roto bolsa y un rato después comenzaron las contracciones, todo se desarrolló como en un relato infantil ¿fue la atmosfera de Lucio que ya comenzaba a respirarse? Nos divertimos mucho durante una inolvidable tarde de otoño que parecía primavera (a pesar de que las fotos hoy delaten un rostro que se “contrae” por una punzada).

Bueno, ahora que pasaron dos meses mi memoria me dice que fue un momento de alegría, comunión, un instante esperado y un sueño que se vivía. Pocas veces uno vive algo tal y como soñó que iba a vivirlo. Así recibimos a nuestro bebé. Berreando porque llegaba a un mundo de mierda, mamá y papá lo abrazamos muy fuerte para que no se resbale porque estaba todo húmedo y él se aferraba definitivamente a la vida por su propia voluntad de hacerse parte al fin y al cabo del lugarcito que en el universo le habíamos preparado.

Ahora Lucio crece y desarrolla su pequeña personalidad. Estamos felices por lo que elegimos para él desde el momento mismo en que vino al mundo. Si han visto que mamá y papá fueron libres de elegir, ojalá Lucio y Amanda crezcan como hombres y mujeres que, igual que sus padres, han luchado por el derecho a decidir, se han enfrentado a los prejuicios, han visto la cara de sus miedos y se han animado a transitar caminos, que de eso se trata en definitiva.